El poder de una conversación

Aveces no tenemos momentos positivos, aveces no tomamos las mejores decisiones, aveces no hacemos lo que debemos hacer o aveces no escuchamos…

Cuando nos sentimos frágiles, que nadie nos comprende, nos entiende o quiere; simplemente estamos cegados e inundados de nuestros pensamientos, de nuestra arrogancia.

Lo que no comprendemos aún muy bien es que las conversaciones que uno puede abordar con personas sabias, màs optimistas, felices, satisfechas pueden cambiar el rumbo de nuestra vida.

Una conversación enriquecedora es aquella donde se acepta el punto de vista de otro individuo, debe tener un significado , un objetivo, conocimiento, disposición, es ahí cuando el sentido de conversar cobra sentido.

Cuando visito un lugar me acerco a las personas (regularmente ancianas) a pedir información además de coger ideas, palabras nuevas…

En algún pueblo cercano a una laguna, me encontré a un anciano de aproximadamente 88 años, me encontró en un momento un poco triste, donde tenìa problemas personales, aquella ocasión salì a despejarme a la carretera hasta llegar al pueblo, a la naturaleza, donde el cielo se torna màs azul y claro.

Aquel anciano despreocupado, me pregunto de donde venìa, yo le respondì: del caos, estrès, y problemas; tuvimos una conversación breve pero asertiva, èl me contesto que la vida siempre tenìa que estar llena de inquietudes, de esa forma aprenderemos la lecciòn que Dios nos tiene que dar, la gente menos preocupada, la que no carga en sus hombros el dolor, el egoísmo, la desigualdad del mundo tendrá pocas posibilidades de generarse preguntas, pocas posibilidades de ser mejor ser humano, de incluso de reenacer: es ahì donde surgen las personas màs valientes, màs seguras, màs aguerridas, me vez aquì sentado como si esperara, pero realmente mi camino ha sido largo y desgastaste, he salido a ganarme el pan, asì como tù lo haces en tu juventud asì que ve «mija» lánzate a vivir, a dejar de llorar de lo que duele, solo aprende, observa, rìe, frustrate, pero jamàs pierdas tu objetivo.

Nunca sabes de donde vendrán las mejores palabras:

Regresè a la ciudad motivada, con los ojos llorosos, pero sonriendo al mismo tiempo con una fuerza indescriptible en mi pecho.

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