
Mi sueño era ver los cerezos caer…
Aquella ocasión viajé con una amiga solamente las dos con 19 años de edad.
Estuvimos por la ciudad de noche, visitamos lugares nocturnos un tanto diferentes a los de occidente, subimos a la Torre de Tokio en Minato-Ku y simplemente nos quedamos mucho tiempo viendo la ciudad, tomamos fotografías…
Esa noche conocí a un chico muy tímido y desgarbado que me invitaba a tomar un café (café que no me gusta) lo acepte y ahí mismo duramos platicando en un rincón para que no nos llamarán la atención… este chico me preguntaba cosas existenciales que probablemente compartíamos pero quería evitarlas; toda la vida se han encontrado perturbandome.
Una noche extraña, en un sitio lejano a casa, una persona con ojos rasgados y que en su conversación no existía alguna coherencia para la «humanidad» actual: fue bizarro pero fue una noche donde olvide hasta mi nombre, donde nadie me conocía y podía ser yo misma…
La mayoría del tiempo deseamos sentirnos seguros ante la vida,hacer viajes normales, pensar que terminaremos la noche tranquilos; somos seres complejos y vivir el momento aunque nos sintamos perdidos, confundidos.